This house was not originally built as a restaurant.
It was born as a home.
In the year of our Lord 1792, when the most fertile lands of Metepec were still being sown and harvested, the construction of this house was completed. It then belonged to the Franciscan convent and served the orchard, work, and daily life.

Hoy, más de dos siglos después, la casa vuelve a cumplir su destino original: recibir.
Recibir, acoger, procurar con tiempo, con cuidado y con memoria.
Recibir a quienes buscan no solo comer, sino habitar la casa y vivir una experiencia, enriqueciendo esta historia.


Las historias que rodean a la casa hablan de pasadizos ocultos que la unirían con la Iglesia de San Juan Bautista; de refugios discretos para clérigos perseguidos, viajeros y personajes al margen de la ley, como aquellos Plateados que Luis G. Inclán retrató en Astucia. Más tarde, cuando formó parte de la familia Santa Anna, fue una auténtica casa de labor: trojes, establos y aperos marcaban el ritmo de los días, mientras la tierra, el ganado y el pan reunían a quienes la habitaban.



